A principios del siglo XX el ingeniero Manuel Lorenzo Pardo diseñó un proyecto para permitir el abastecimiento de agua de toda la cuenca del Ebro. La idea era construir un embalse cerca del nacimiento del río, justo en la frontera de Burgos con Cantabria. Dicho embalse supondría la desaparición de los pueblos de Quintanilla, Medianedo y la Magdalena, todos ellos en Cantabria. A estas tres localidades habría que añadir la desaparición de dos minas, una fábrica de vidrio y las tierras llanas y fértiles de la ribera del río.
Para compensar el golpe el proyecto incluía la extensión de una ramal de la Robla, hoy FEVE, la creación de industria, nuevas casas para los desplazados y un servicio de lanchas para mantener comunicados los pueblos que quedarían separados tras la inundación.
Lo único que llegó a hacerse realidad del proyecto original fueron el agua y los beneficios que el embalse trajo y aún mantiene en toda la cuenca del Ebro.
A pesar de que en 1927 se comenzaron a realizar las gestiones necesarias, la obra no finalizó hasta 1945 y fue inaugurada en 1952, lo que vienen siendo los años miserables de la posguerra. A la situación económica de nuestro país había que sumarle esa manera de hacer que tenía Franco formada a partes iguales por miseria moral e indigencia intelectual. Ninguna de las medidas para paliar el impacto de la obra fue llevada a cabo y la expropiaciones se pagaron a plazos al final de los 40 pero manteniendo las tasaciones de los años 20.
La sensación de encontrarse a merced de “otros” y la idea de que el sufrimiento de una comarca no merece respeto alguno es un golpe en la percepción que un pueblo tiene de si mismo. La idea de no poder hacer nada, de estar condicionado por decisiones y necesidades ajenas marca a fuego el espíritu con el que la gente afronta la vida. Lo pero es que esa idea se fija y tarda generaciones en desaparecer.
Es precisamente esa idea la que recoge el documental “Donde Aprendiste a Vivir” recoge los testimonios de los que por aquel entonces eran niños. Cuando uno se acerca a este tipo de información es conveniente tener en cuenta algo: la memoria es traicionera y más cuando se trata de una pérdida. Por eso su valor no está tanto en transmitir lo que ocurrió sino en la percepción que de la construcción del embalse tienen sus “víctimas”. Este documental es un justo homenaje a todos ellos.
La parte mala del documental es que al estar financiado con fondos públicos no se puede distribuir ni vender y por aquello de los derechos de autor no se puede compartir por lo que lo más seguro es que caiga estúpidamente en el olvido. Que cosas. Me llega a través de los comentarios una enlace a la web de la Consejería de Medio Ambiente del Gobierno de Cantabria en la que se encuentra disponible el documental, lo podéis ver aquí. Pues nada más cambios en el enlace al vídeo y nuevamente a través de comentarios y mensajes me informan de que lo podéis ver aquí y aquí.
Sin embargo la historia del embalse del Ebro no acaba aquí. Para empezar, tanto en el sur de Cantabria como en el norte de Burgos nadie usa la expresión embalse. Para todos nosotros es y será “el pantano” a secas, como si fuera el único del mundo y aunque seamos conscientes de la injusticia que supuso para muchos de nosotros hay más significados. El verano no llega hasta que nos damos el baño de rigor en cualquiera de sus rincones, a poder ser a última hora de la tarde y como nuestras madres nos trajeron al mundo. No es extraño vernos prismáticos en mano observando pajarucos porque hay LIC y ZEPA y un montón de aves. De hecho si profundizo más en mi memoria vienen recuerdos de días de familia en el campo, amigos con los que iba en bici hasta el puente de Orzales para saltar desde su barandilla al agua o la tarde flotando sobre colchonetas junto a una chavaluca que me tiró los tejos, cosa de la que me di cuenta al día siguiente y por la que me estuve maldiciendo medio verano (yo es que de chico era un poco pardal).
Cambiando de ámbito y pasando al económico, el pantano viene a recobrar el tono de cabreo comarcal. Muchos de los intentos de llevar a cabo actividades turísticas y agroganaderas se han visto paralizados y ralentizados hasta la desesperación. Esta vez es la Confederación Hidrográfica del Ebro, organismo que se creó durante la dictadura y que aún no ha hecho la transición, la que golpea la comarca. Como se de un despótico sheriff se tratara maneja desde la distancia el pantano del Ebro sin tener en cuenta a la población de sus orillas. Somos conscientes de que el pantano no es nuestro y de que es un recurso que va más allá de su espacio físico. No dudo que muchas de las iniciativas que se han presentado hayan sido auténticas majaderías, pero no se puede robar un futuro perfectamente viable a una comarca entera porque a cuatro personas no les conviene, no les cuadra o no les importa. Como ejemplo vaya la queja de que no se puede tener a una explotación ganadera más de un año esperando un informe de impacto ambiental imprescindible para darse de alta ni prohibir determinadas actividades sin haber hecho los estudios necesarios previamente.
Repito, el pantano no es sólo nuestro, pero tenemos claro que la Confederación Hidrográfica del Ebro ha de dejar de actuar como si fuera suyo.


